Querétaro impulsa una nueva conversación sobre seguridad industrial: prevenir desde el comportamiento

Especialistas reunidos en la entidad sostienen que la cultura de seguridad debe medirse antes de que ocurra un accidente. El objetivo: proteger personas, reducir costos y fortalecer la competitividad de las empresas.
Accidentes laborales cuestan hasta un millón de dólares; Querétaro se convierte en epicentro del debate sobre seguridad industrial.
Por Leticia Mandujano
Querétaro se ha consolidado como uno de los principales polos industriales de México donde uno de los mayores retos para las organizaciones es la seguridad industrial. Hoy, las empresas reconocen que tienen que ir más allá del cumplimiento de normas, protocolos y el uso de equipo de protección personal ya que una gran parte de los incidentes laborales está relacionada con decisiones, hábitos y comportamientos que pueden poner en riesgo la integridad de los trabajadores y la continuidad de las operaciones.
Con ese objetivo, la empresa multinacional MIDOT, especializada en evaluaciones científicas de comportamiento laboral, realizó en Querétaro el congreso MindSafe Safety Experience Querétaro 2026, donde presentó los resultados del estudio Perfiles y Comportamiento Humano: la clave de la seguridad industrial Latam 2026.
El reporte advierte que tres de cada diez trabajadores en México y Latinoamérica están en riesgo de sufrir un accidente laboral debido a decisiones inseguras motivadas por la presión por cumplir metas de producción.
Lorena Mercado, responsable de MindSafe para México y Latinoamérica, explicó que durante años las empresas abordaron la seguridad industrial desde la capacitación, la supervisión, las normas y dejaron de lado un componente determinante: la conducta humana.
“Cuando una persona toma un atajo operativo y no ocurre nada negativo, suele asumir que el riesgo está bajo control. Ahí comienza el problema. La prisa por cumplir la cuota de producción desplaza al protocolo”, señaló durante su participación en el encuentro en la capital queretana.
La elección de Querétaro no fue casual. De acuerdo con Mercado, el Estado concentra una de las actividades industriales más dinámicas del país y cuenta con una ubicación estratégica para reunir a responsables de seguridad industrial de la región Bajío, Ciudad de México y otros países de Latinoamérica.
La relevancia del tema queda reflejada en las cifras. Según datos del IMSS, durante 2025 se registraron 9,944 accidentes laborales en Querétaro, lo que ubicó al estado en la posición 17 entre las 35 zonas reportadas por el instituto. Las lesiones más frecuentes fueron heridas, luxaciones y torceduras en manos y muñecas, seguidas por lesiones en tobillos, pies y extremidades inferiores.
A nivel nacional, el IMSS reportó 432,929 accidentes de trabajo en 2025, de los cuales 33% ocurrieron en trabajadores con menos de un año en su puesto y 26% en colaboradores con entre uno y seis meses de antigüedad.
El costo oculto de los accidentes
Más allá de las estadísticas, la especialista alertó sobre las consecuencias económicas que enfrentan las empresas cuando ocurre un accidente grave.
“Un accidente laboral severo puede costar entre 40 mil y 100 mil dólares. Cuando se trata de un evento fatal, las pérdidas pueden superar fácilmente el millón de dólares”, afirmó.
Sin embargo, explicó que los impactos van mucho más allá de los costos directos. La pérdida de productividad, el paro de líneas de producción, la sustitución de personal, el ausentismo, la rotación y el deterioro del clima laboral suelen generar afectaciones que muchas organizaciones no cuantifican adecuadamente.
La reputación corporativa también está en juego. “Nadie quiere hacer negocios con una empresa donde constantemente se accidentan los trabajadores”, señaló Mercado al referirse al creciente peso que tienen los indicadores de seguridad dentro de las cadenas globales de suministro.
El factor humano: la pieza que faltaba
El estudio de MindSafe se basó en más de 104 mil evaluaciones realizadas en empresas de México, Chile, Perú y Colombia de sectores como manufactura, logística, minería y energía.
A partir de variables como percepción del riesgo, responsabilidad, relación con las normas y capacidad de anticipación, los colaboradores fueron clasificados en cuatro grupos: zona de riesgo, zona de control, zona de seguridad y zona de autonomía.
Para Mercado, uno de los hallazgos más relevantes es que los accidentes no solamente ocurren entre trabajadores nuevos. También existe una incidencia importante entre colaboradores con muchos años de experiencia, debido al exceso de confianza y a la tendencia de acelerar procesos para ahorrar tiempo.
“El riesgo se vuelve parte del paisaje cotidiano y la percepción disminuye. Cuando alguien lleva años realizando la misma actividad, puede asumir que nada va a pasar y dejar de seguir el protocolo”, explicó.
Del control a la prevención
La propuesta de MindSafe consiste en utilizar herramientas tecnológicas para medir comportamientos y generar diagnósticos preventivos antes de que ocurra un accidente. La empresa desarrolló sistemas que permiten identificar perfiles de riesgo y diseñar estrategias específicas para fortalecer la cultura de seguridad dentro de las organizaciones.
La especialista aseguró que la prevención ya no puede depender únicamente de más capacitación o más protocolos.“No se trata de capacitar a todos de la misma forma. Hay que identificar quién necesita apoyo, qué comportamiento debe corregirse y cómo intervenir antes de que ocurra un incidente”, explicó.
En un entorno industrial cada vez más competitivo, la seguridad comienza a ser vista no sólo como una obligación legal o una medida de bienestar, sino como una ventaja estratégica que impacta la productividad, la reputación y la sostenibilidad de los negocios.
Los líderes tienen el reto de incorporar tecnología a su gestión y entender que la seguridad también es una herramienta para hacer crecer a la empresa.
La propuesta de MindSafe parte de una premisa sencilla pero poco explorada en la industria: los accidentes no comienzan cuando ocurre el incidente, sino mucho antes, en las decisiones, hábitos y comportamientos cotidianos de las personas. Por ello, la empresa desarrolló una metodología que busca identificar factores de riesgo antes de que se conviertan en accidentes.
A diferencia de los enfoques tradicionales, basados principalmente en capacitación, supervisión y cumplimiento normativo, la metodología de Mindsafe incorpora herramientas tecnológicas para medir variables relacionadas con la conducta humana, como la percepción del riesgo, el manejo del estrés, la relación con las normas de seguridad, la toma de decisiones y la experiencia previa frente a incidentes.
“Lo que hacemos es desarrollar una herramienta que te da el diagnóstico y ese diagnóstico lo trasladamos a datos objetivos que permitan tomar decisiones”, explicó Lorena Mercado.
Con base en esos resultados, los trabajadores son clasificados en cuatro perfiles: zona de riesgo, zona de control, zona de seguridad y zona de autonomía. La intención no es etiquetar a las personas, sino entender qué tipo de acompañamiento requiere cada una y qué tan compatible es su perfil con las exigencias de seguridad de su puesto.
Uno de los hallazgos más relevantes es la llamada “zona de control”, donde se ubica cerca del 28% de los trabajadores evaluados. Se trata de personas que suelen cumplir las normas por temor a una sanción o supervisión, más que por una convicción propia sobre la importancia de la seguridad. Según Mercado, este grupo representa una de las mayores oportunidades de transformación cultural para las empresas.
La metodología contempla un proceso de evaluación, diagnóstico, intervención y seguimiento durante un periodo aproximado de 12 meses. Después de obtener una “fotografía” inicial de la organización, se implementan acciones específicas para fortalecer conductas seguras, desarrollar liderazgo preventivo y reducir factores como el exceso de confianza o la presión por actuar con rapidez. Posteriormente se realiza una nueva medición para evaluar los avances y el impacto de las acciones implementadas.
Para la especialista, el objetivo es cambiar la conversación dentro de las organizaciones. En lugar de medir únicamente accidentes, días perdidos o sanciones, propone utilizar indicadores preventivos que permitan anticipar riesgos y fortalecer la cultura de seguridad antes de que ocurra un evento que afecte a las personas o a la operación.
“Cuando hablamos de seguridad, hablamos también de productividad, reputación, retención de talento y sostenibilidad del negocio. La prevención deja de ser un gasto para convertirse en una inversión estratégica”, concluyó Mercado.









