Diócesis deja a los padres decidir si una persona LGBT+ puede ser padrino de sacramentos

El vicario de la Diócesis de Querétaro, Martín Lara Becerril, afirmó que las personas con preferencias sexuales distintas no están excluidas de la Iglesia Católica ni son objeto de un juicio sobre su dignidad, aunque señaló que corresponde a los padres de familia decidir si las eligen como padrinos de bautismo u otros sacramentos, al considerar que estos deben ser un ejemplo de vida cristiana para sus ahijados.

Explicó que la Iglesia no investiga la orientación sexual de quienes son presentados como padrinos, por lo que no existe una restricción basada en ese aspecto. Indicó que la recomendación pastoral es que padrinos y madrinas representen un modelo de vida conforme a los valores cristianos, mientras que el juicio moral sobre la elección recae exclusivamente en los padres.

“El hecho de que una persona tenga preferencias sexuales diferentes no significa exclusión de la Iglesia ni un juicio sobre su persona. Todos estamos invitados a la salvación. Sin embargo, el padrino es un ejemplo de vida para el ahijado y ese juicio moral se deja completamente a los padres de familia. Nosotros no investigamos la orientación sexual de quienes son presentados como padrinos; únicamente orientamos para que sean un ejemplo de vida cristiana.”

En otro tema, el vicario informó que la participación en los sacramentos se ha mantenido estable tras la pandemia por COVID-19 e incluso ha registrado un incremento conforme al crecimiento de la población. No obstante, reconoció que en algunos sectores se ha observado un retraso en la edad en que las personas reciben el bautismo.

Señaló que cada vez es más frecuente que adolescentes, jóvenes e incluso adultos soliciten este sacramento, lo que retrasa también la confirmación y la primera comunión. Para estos casos, explicó, la Iglesia ofrece un proceso de Iniciación Cristiana, mediante el cual los participantes reciben los tres sacramentos durante la celebración de la Pascua.

“Después del COVID se restablecieron las actividades presenciales y la práctica de los sacramentos se ha mantenido estable. Lo que sí hemos detectado es que el bautismo se está retrasando un poco y cada vez hay más adolescentes, jóvenes e incluso personas de 60 o 65 años que deciden bautizarse. No hay límites para la conversión ni para acercarse a Dios.”

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